la gran ciudad, el yo digital y mi círculo de amistades

Estoy harto, no aguanto más, y quiero irme de aquí. Quiero que me toque la lotería primitiva y pasar de todo. ¿Quién no ha pensado esto alguna vez? hasta creo que es sano. La última vez que me asaltó este deseo  recapacite en dos temas. El primero, ¿cómo sería mi yo digital si mi yo biológico fuese asquerosamente rico?  y Segundo: caí en la cuenta que los años no pasan en balde, antes de más joven hubiese deseado venir a vivir aquí, a una gran urbe, y ahora quiero irme de ella.

Desde finales del siglo pasado parece evidente que la humanidad vivirá en grandes urbes. Es el proceso lógico del desarrollo económico y social, de hecho hoy en día más de la mitad de la población mundial habita en grandes ciudades  y en 2050 lo harán  dos tercios de la humanidad. Mi familia emigró a la ciudad buscando mejores oportunidades y lo cierto es que la metrópoli  te las da, mejor acceso a la enseñanza, universidad, centros hospitalarios, e incluso se liga más … Por el contrario no está tan claro que sea más saludable. Mayor polución, ruidos, pero sobre todo stress. Al parecer este stress es la causa de que favorece el  padecer enfermedades mentales en la ciudad, véase, el influjo de la ciudad, aquí se referencian diversos  experimentos y se pone de manifiesto como dependiendo del tamaño de la población donde vivían los probandos se activaba en distinto grado la actividad de  la amígdala cerebral habiendo una correlación casi lineal entre el tamaño de la población donde vivían y la actividad mostrada por este órgano ante el stress.

Luego por otra parte estudios realizados por Lisa Feldman Barett, del hospital General de Massachusetts, parecen demostrar que una red social bien construida protege de trastornos mentales. Lisa midió mediante resonancia magnética el tamaño de la amígdala en cuestión y comprobó que aumentaba según el tamaño del círculo de amistades.

Desde luego con él auge de las redes sociales lo que es evidente, es que el número de contactos aumenta. Eso sí, ¿está bien construido? Sinceramente creo que no, empezando por mis propias amistades digitales, y eso que pongo especial empeño  bajo parámetros no sólo de empatía sino de privacidad, confidencialidad, …

La duda que me cabe es si un buen yo digital que ayude a reforzar la red social de cada uno puede ayudarnos también a protegernos del estrés y minimizar el riesgo de enfermedades mentales, e incluso favorecer el crecimiento de la amígdala cerebral al igual que en los casos anteriores. Creo firmemente que si, pero para ello hará falta que posea herramientas sencillas que nos permita construir y manejar la red social de manera intuitiva.

Además un buen yo digital es independiente de si vivo en el campo o en la ciudad, puesto que mis círculos digitales van con él y el tiempo que tengo para interrelacionarme depende no sólo de mi, sino de ellos, y al ritmo que vamos la gran mayoría vivirá en una gran ciudad. (De hecho no hay campo ni lotería para todos) Así que no nos queda más remedio que construir buenas ciudades, (smart cities?) buenos círculos sociales (digitales?)  aunque creo que yo  a la hora de la verdad preferiré un chateo en el sentido clásico. (Antes irse de chatos era tomarse unos vinos en unos pequeños vasos como excusa para hablar de como iba la vida y otras cosas)

 

 

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Cosas (Indignantes) que se leen en Semana Santa

Esta semana santa he vagueado todo lo que he podido, pero claro, para desentumecerme que mejor que leer noticias indignantes como la de: Dime tu clave de Facebook y te daré un puesto de trabajo . O no después de lo que vean por allí. Vamos, si ya lo llevé mal cuando el súper capo de mi empresa me envío una solicitud para hacerse amigo mío en Facebook no me quiero ni imaginar como me sentiría si se me obligase a descubrir mis opiniones, amistades, y demás verdades confesables de mi perfil oficial en cualquier red social.

Porque siempre he sido consciente del derecho a la intimidad, a libre pensamiento y albedrío de la gente. Se puede o no estar de acuerdo con las ideas de los demás pero siempre que el prójimo tenga a bien compartirlas. Las obras ya son otra cuestión, pero los pensamientos como “el honor, es patrimonio del alma y el alma solo es de Dios”, que diría Calderón. Claro que tal como va la crisis, la reforma laboral, etc..  quién sabe cuanto nos puede menguar el honor.

En un mundo ideal a la hora de buscar trabajo nos gustaría que no se nos preguntase por el sexo (Aunque se buscase una camarera para el bar Coyote) ni por la edad (Aunque este no sea país para viejos) ni por cuestiones políticos religiosas (demasiados ejemplos). Me despreocupe y me desindigne un poco puesto que a pesar de la crisis esto siempre sería ilegal en un país civilizado, al menos en esta ribera del atlántico. Además, si alguien quiere saber quién soy en la red que se lo curre, y en eso que días después leí, lo de la CISPA.

Un nuevo proyecto sobre ‘ciberseguridad’ en EEUU desata otra vez las alertas en Internet. Y aquí no sólo hay empresas y muy profesionales que se curran esa búsqueda de mi información se va más allá. Este proyecto de ley permite no sólo recopilar información personal sino el compartirla entre empresas si se supone que es en beneficio de la seguridad nacional. (La de EEUU) y entre las empresas no está la panadería de la esquina, sino IBM, Microsoft, Facebook, Intel, … Esta noticia es tan indignante como la anterior, pero a diferencia de la primera, SERÁ LEGAL si se aprueba. ¡Glups! El hecho de que se apruebe en EEUU no me deja indiferente, puesto que si estamos en un mundo intercomunicado, ¿se podrán utilizar mis post foráneos de EEUU para caracterizarme en EEUU? Yes they can.

Con todo lo anterior sólo me reafirmo en la idea de construir un yo digital, lo suficientemente seguro para permitirme salvaguardar mi intimidad en la red, mostrar mis distintas personalidades a quién y como quiera, y no tener que dar más explicaciones que las que daría Calderón de la Barca sobre su honor.

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Cómo pasa su majestad el tiempo

Paseaba Felipe II allá por el 1570 por sus aposentos del Monasterio del Escorial cuando Antonio Pérez, secretario real, le comunico:

-Majestad, ha llegado correo del virrey del Perú.

-¡Ya! Vaya, cómo pasa el tiempo.
Y es cierto, una cosa es el tiempo físico, ese que relativizó Einstein, y otro el tiempo que nos parece vivir. Este muchas veces viene ligado no tanto a los cambios relativos de posición de los objetos, como a la periodicidad con la que recibimos las informaciones cotidianas.
Esta semana me ha tocado vivir en un hospital acompañando a un familiar. Allí no sucedía nada en horas y horas por lo que parecía que no corría en absoluto el tiempo. Así que cuando la cobertura lo permitía leía la prensa en el móvil, o veía las noticias en la TV, y al final del día, antes de volver a casa, me tomaba una cerveza en mi pub favorito y leía la prensa. Todo era asincrónico, y día tras día me veía abocado a una época distinta. A saber: En la prensa (años 80′s quizá) no estaban los resultados de los partidos del master de Miami, si no sus predicciones, y la crónica de los partidos que ya habían pasado dos jornadas atrás. En la Tele (años 90´s) estaban los comentarios de la Huelga General de hacía dos horas, mientras que en twitter (ya de entrado el  Siglo XXI) se podía seguir la información con varios minutos de diferencia.
Este cambio de velocidad, de mi ritmo cotidiano al de la estancia en el hospital me ha hecho vivir en primera persona la desordenación de los eventos temporales y me recordaba mi etapa de programador cuando trataba con protocolos de comunicación y debía sincronizar entidades mediante eventos sin existir ningún reloj maestro. Y curiosamente lo que más me desorientaba era la no existencia de ese reloj maestro que yo internamente asocio a la recepción de la información diaria.
Si en la época de Felipe II y posterior, el tiempo estaba a corto plazo asociado a la secuencia de días y noches, y a largo plazo a la recepción de informaciones que llevaban su tiempo, el que tardaban las naves para cruzar los mares, este se ha ido acortando cada vez más. Ya con la luz eléctrica nos libramos de la tiranía de la oscuridad por la noches, y posteriormente la radio y TV han ido acortando cada vez más la periodicidad para recibir las noticias.  Que bien se debía vivir en los 70s, 80s cuando las noticias de la prensa coincidían prácticamente con los días naturales de 24 horas.
Mañana lunes volveré de nuevo al ritmo natural, e-maisl, twitters, redes sociales, whatsApps … Probablemente me enteraré en segundos de cualquier noticia relevante. La muerte de Lincoln tardo en media varios días en ser conocida, la de Kennedy horas, y el desastre de las torres gemelas se vivió en directo. (Y eso que no había twitter). No me cabe duda que aprovecharé mejor el tiempo. No se si me hago mayor pero tengo la sensación de que antes lo disfrutaba más. En fin el tiempo en el mundo digital es sin lugar a dudas emocionalmente distinto, y a la que te descuidas desordenado.

 

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Reflexiones de un domingo sin inspiración

De adolescente pensaba que sólo la ciencia nos haría progresar (quizá leí demasiados comics) y pensaba que cada vez era más difícil, cuasi imposible, estudiarla, procesarla y crear algo nuevo a partir de ella. Además como creía a pies juntillas en el evolucionismo de Darwin, solo si mutásemos podríamos avanzar considerablemente por este camino. Pues sino llegaría un momento en el que nos estancaríamos en la evolución del saber y sólo el saber nos daría la felicidad.
Luego la única mutación plausible que he visto en nuestra forma de pensar ha sido debida más a la innovación que a la ciencia. Apareció internet, y hemos cambiado nuestra forma de procesar la realidad. Hemos delegado en la red gran parte de nuestra memoria. Para que acordarnos de datos concretos si están en la Wikipedia, ya sea la fecha de tal batalla, o de la publicación del Sargent Pepper de los Beatles.  Además mientras navegamos somos capaces de hacer muchas cosas, somos multitarea, vemos la tv, chateamos, oímos música y por supuesto estudiamos. Léase  Nativos digitales un clásico del 2001 de Prensky. ¿Somos ahora más felices en las redes sociales? No lo sé, pero hemos aumentado muy notablemente nuestra capacidad de relación. Pero esto ¿nos hará avanzar en la ciencia, o cada vez estamos más distraídos en la red? (Por ejemplo: ¿Es posible leer mucho rato en una tableta, con tanta distracción?)

Ahora que ya no soy tan adolescente, (Je!), estoy tan convencido de que el saber nos dará la felicidad tanto como que la felicidad nos hará más sabios. Además ahora el PC ha muerto. Estamos comenzando la era post PC, tabletas, Smartphone, la nube, … en poco tiempo (media generación más) todos sabremos utilizar estás facultades sin ser informáticos (vendrán de serie), y a poco que la crisis se vaya tendremos que volver a la ciencia y, como no, a la ingeniería. Si no tenemos que ocuparnos de recordar lo que ya está en los libros, (la red), ¿seremos más creativos, más innovadores, y más profundos? Al menos la creatividad también se trasladará a la red, una vez publicados la secuenciación del genoma  o los experimentos de CERN ¿la comunidad  descubrirá medicinas genéticas especificas o el bosón de Higgs?
No tengo ni idea para estas preguntas, pero por ahora sólo veo a los adolecentes ocupados en el tuenti y las consolas, en las consolas más a ellos y en el tuenti más a ellas. Igual deberían leer más comics.

 

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Me encanta tener cuentas (falsas) en internet

 

Pues claro, una de las mayores ventajas de internet es no circunscribirse al mundo físico real. Donde somos lo que tenemos, lo que parecemos y abarcamos. Si en el mundo real eres feo, pues eres feo, pero en la red ya lo decía Peter Steiner, nadie tiene porque saber que soy un perro.

Nadie excepto en China, donde el gobierno exige a partir del 16 de este mes que todos sus usuarios estén identificados. Glups! Además se trata de un régimen donde tus opiniones, aunque sean pacifistas te pueden llevar a la cárcel y no salir aunque te otorguen merecidamente el nobel de la paz.  Liu Xiaobo. Fin del anonimato para los microblogueros chinos. Lo que en occidente se trata bajo un punto de vista lúdico, en China puede ser una necesidad vital.

Que para que quiero multitud de cuentas y perfiles en internet. Para jugar, para divertirme, e incluso para opinar. No me da la gana comentar una noticia política, o de futbol en cualquier periódico con mi perfil “oficial”. Además siempre hemos promovido desde el yo digital el poder aprovechar la facilidad que te otorga la red para poder sentirte libre fuera de tu yo físico. Claro que si estuviese en China no se si me atrevería a opinar de nada. ¿Y tu? Y a partir de ahora no se como se sentirá una población de 1.400 millones de habitantes que además tiene filtrados los buscadores del occidente y las noticias non gratas.
Pero y en nuestro decadente occidente, ¿Estamos a salvo? ¡Ja! Ya escribimos de erosiones legales: como Google ha cambiado su política de privacidad, de la SOPA, , y de fragantes ilegalidades: Mi intimidad digital, ¿Existe? Carrier IQ y podíamos seguir  escribiendo de como se va desgastando esas pequeñas libertades que nos permite el anonimato mediante noticias que van saliendo a la luz como la de qué EEUU investiga a Apple por un acuerdo con Google en búsquedas móviles.

Evidentemente el problema en China es más preocupante puesto que es político, mientras que aquí en occidente todo parece estar liderado por cuestiones comerciales, que si derechos de autor, que si obtener información personal para ofrecernos mejores ofertas comerciales, … Y todavía no veo el grado de concienciación necesario ni de lucha por nuestros derechos a una intimidad digital, ni para ejercer nuestras personalidades digitales como nos plazca.


Es más todavía la gran mayoría de la gente sólo tiene un perfil digital, una única cuenta en Facebook, o en Tuenti, aunque en twitter ya se detecta la necesidad de tener varias, ¿Por qué? Porque en este caso atañe a nuestra opinión, generalmente profesional, y no a nuestra relación. Pero al tiempo, que ya le cogeremos el gusto a tener varias cuentas digitales en la red incluso para gestionar nuestras relaciones (Por ejemplo: ya existen más móviles que personas).  Y cuando así sea, ¿nos gustará que el gran hermano de turno (Google en occidente, y el que corresponda en  tras la gran muralla) nos asocien dichas cuentas, identidades, o personalidades?
Mientras tanto mi más sentido apoyo a los microblogeros chinos de Weibo y espero que no se cumpla eso de “Cuando las barbas de tu vecino …”

 

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Nuestro nuevo jefe es genial, pero sólo en internet …

Teníamos nuevo ejecutivo, la reorga se materializó con un desconocido en la empresa, estupendo salvia fresca y sin contaminar. Nos lanzamos todos a buscar quién era y que había hecho, y nos enredamos en lo que decía y cómo lo decía, en sus blogs, en su twitters,…. A las pocas semanas aterrizó en la empresa como elefante en cacharrería. Sus presentaciones sobre la nueva forma de ser/trabajar nos cautivaron, instauró herramientas de colaboración corporativa y nos ilusionamos todos. Luego fue pasando el tiempo y nada. ¿Qué pasó?
Desde luego dominaba bien el nuevo lenguaje, el que se quería oír. Pero es que el lenguaje nos condiciona en cierta manera nuestra personalidad e influye en nuestro pensamiento. Lera Boroditsky y Caitlin Fausey publicaron diversos estudios entre 2010 y 2011 sobre la manera de percibir y relatar los mismos sucesos por sujetos anglosajones, japoneses y españoles. Así por ejemplo realizaron el siguiente experimento. En una sala de cine dos actores reventaron la función, a veces intencionadamente y otras por accidente. Los asistentes a la proyección explicaron el suceso e independientemente de lengua materna, recordaban con exactitud quién estropeó la proyección cuando se hizo a propósito. Sin embargo cuando el accidente se produjo de manera fortuita, japoneses y españoles no recordaban con el mismo rigor que los estadounidenses a los causantes del desaguisado. Al parecer el estadounidense medio atribuye con mayor facilidad la intención que japoneses y españoles.
En el caso extremo, si fortuitamente tiramos una taza de una mesa, un anglosajón diría, “Él tiro la taza” mientras que en japonés la forma verbal difiere en caso de que no haya propósito. “La taza se cayó por ella misma”, sería la traducción.
¿Pero qué ocurre cuando tenemos sujetos poliglotas? Pues puede que la personalidad cambie según la lengua que se use. Psicólogos de la universidad politécnica de Hong Kong así lo han publicado en el Personality and Social Psychology Bulleting. Two Languages, Two Personalities? Examining Language Effects on the Expression of Personality in a Bilingual Context


Estudiantes chinos nativos que hablaban inglés con fluidez se mostraban más extravertidos y abiertos conversando en inglés que en cantones. Este estudio sostiene que idioma que un individuo habla induce a adoptar rasgos de personalidad propios de la cultura asociada a la lengua usada o al colectivo que se dirige.
Volviendo al ejecutivo en cuestión que pudo haber sucedido. Quizá el explicarse usando las herramientas en red sea usar un nuevo lenguaje, y por ende lleve asociada una nueva cultura, más libre, más cooperativa, más tolerante, y haga aflorar una nueva personalidad acorde a estos valores. Si así fuere puede que también la red nos haga mejores. Que no se diga que no soy optimista. Claro que al final de toda burbuja siempre nos podemos refugiar en textos tan duros y pesimistas como los de la biblia, “por sus obras/frutos los conoceréis” Mateo 7, 15-20. Donde se da el consejo para distinguir a buenos de falsos profetas.

 

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Cuándo leyeron mi memoria digital

Al principio era el computador, y sólo servía para programar y para aprender a programar. “Creo que hay un mercado para cinco computadoras en el mundo”. Thomas J. Watson, presidente de IBM en 1943
Luego vino el PC, (Personal  Computer), que además de para programar era capaz de alojar todo tipo de programas, especialmente para generar textos, se cargó a las maquinas de escribir, esas que ya sólo aparecen en las películas antiguas. Pero además tenías hojas de cálculo, juegos, …
Entonces en algún momento cambio el nombre a ordenador, y efectivamente permitía tener clasificados una ingente cantidad de información. Cada vez la capacidad de generar programas con estas máquinas era menos importante.
Luego, se conectaron estas máquinas a esa red, internet, y la evolución fue exponencial. Hoy en día lo importante es estar conectado a la red, y de hecho el ordenador ha perdido relevancia. El año pasado se vendieron más Smartphone (unos 60 millones) que ordenadores por primera vez, además el uso medio de los Smartphone es de sólo un 32 % en llamadas y el resto en otras cosas.

Durante esta transición nos hemos ido desplazando cada vez más al mundo digital, buscamos la información en la red, (google), nos comunicamos mediante la red, al principio por mail, luego por redes sociales, twitter, whatapps,  … y nuestra información ha pasado, o pasará en breve, del disco duro del PC en el ángulo de casa a la nube. Por qué, pues porque todos queremos cada vez más tener nuestra información personal disponible en todo momento y en todo lugar, o sino al tiempo. Y quién se va a arriesgar a llevarla toda consigo en un único dispositivo, Smartphone, tablet, o portátil. (Ya nadie lleva un disco duro de bolsillo, aunque en tiempo hubo quién optaba por esta opción, e incluso las memorias flash USB están decayendo según progresa la nube con aplicaciones como el Dropbox).

En algún tiempo de esta historia me convencí que la única forma de encontrar una información importante era guardarla, primero en el PC (que bien le vino el cambio de nombre y concepto de computador a ordenador)  y luego en la nube. Además todo ha remado a favor, es más ecologista, no sé cuantos árboles de 12 años habré salvado al no imprimir informes que por otra parte raramente se leen más allá de la  introducción. ¿Y las fotos? Sólo soy capaz de encontrar aquellas que están en formato digital, (y no siempre) y como no soy un bicho tan raro creo que esto nos está pasando a todos aunque a distintas velocidades. Todos estamos abocados a vivir en la red y compartir nuestra memoria en ella.
Pero en el mundo real sé que mi memoria es mía y solo lo comparto parcialmente con quién quiero.
Ahora que hemos pasado del PC al Smartphone las brechas de seguridad también han hecho lo propio con varios agravantes.
  • No somos tan conscientes como en los PC de la necesidad de tomar precauciones.
  • Tenemos información más cercana, direcciones de nuestros amigos, novietas, presentes y pasadas, fotos íntimas y frescas tomadas bajo la irreflexión de la inmediatez…
  • Además el Smartphone tiene la vocación de convertirse en nuestra clave de acceso para el mundo digital, método de pago, identificador personal para acceder a entornos seguros, … Lo que está claro es si salimos de casa echamos de menos antes el móvil que la cartera.
Con lo cual en muchos casos una brecha de seguridad en nuestro móvil puede llevar a una exposición de nuestra memoria en la nube. (Yo tengo hasta mi historial clínico, lo cual en principio es bueno)
Hay que preocuparse. Bueno, creo que ante todo hay que concienciarse. Estoy convencido que si algún hacker profesional le diese por vulnerar mi memoria digital, o la de cualquiera, lo lograría en un tiempo aceptable. Así que tomo precauciones para que ese tiempo sea lo más largo posible. Pero quién es capaz de resistirse a no usar un móvil, o a tener nuestros datos asequibles en todo momento y en cualquier lugar. Probablemente hoy solo sea posible analizar los datos de un número finito de seres digitales a conciencia. Como en los noventa, cuando sólo se podía indizar un porcentaje nimio de la red, luego apareció Google y ahora apenas se escapa nada. Espero que hasta que esto suceda con nuestra memoria digital se mejoren los mecanismos de seguridad en nuestros dispositivos.
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El Dr Zhivago, Lara y el olvido que nos engaña

Siglo XX, verano de Córdoba, en mi preadolescencia fue la primera vez que vi el Dr Zhivago, la única que lo hice en el cine  muchos años después de su estreno. Me impresionó y a los miembros de la academia, la de Hollywood, pues le dieron 5 Óscar, y a la academia sueca, ya que  Boris Pasternak recibió el nobel de literatura ayudado por su novela, el Dr Zhivago. Pero no recuerdo los sentimientos que me dejó aunque estoy seguro que salí tarareando la canción de Lara y enamorado de ella, (Interpretada por Julie Cristhie).
Principios del S XXI, en Madrid, durante mi postadolescencia, volví a ver al Dr Zhivago, esta vez dormitando en el sofá y maldiciendo a los anuncios.  No recuerdo que sentimientos me dejó, pero fui a Zara, me compré una camisa tipo rusa, sin cuello y con mangas anchas, e invité a una amiga a cenar en Rasputín, que estaba de moda y era muy romanticón. Seguro que me volví a enamorar de Lara y me tiré tarareando su canción varias semanas.
Esta semana, pasada la primera década del SXXI, vi varias escenas del Dr Zhivago en la cocina mientras cenaba. Me volví a enamorar de Lara, a tararear su canción y pienso que me sigue dejando el mismo regusto que la primera vez, pero no es  verdad, el olvido nos engaña.


A ver, lo obvio. Nací en una generación que se perdió el libro y sólo conoce estas historias por Hollywood, ya no volveré a tener tiempo para ver de corrido una película de 197 minutos y mis hijos ni de coña podrán aguantar sentados tanto tiempo viendo una película antigua, sin 3D, ni efectos especiales. ¡A pesar de Lara y su canción! Al menos no tendré que aguantar anuncios si en un ataque de nostalgia me paso tres horas viéndola. Gracias e-mule.
Pero vayamos a lo menos obvio, ahora existe internet y no existe el olvido. ¿Qué hacemos?, aprovechémonos de él con nuestro Yo Digital.
Segunda década del SXXI, en mi preadolescencia, conozco a Lara, es maravillosa y sabe tocar la balalaika, me enamoro perdidamente de ella, se refleja automáticamente mediante anotaciones emocionales de mi yo digital, en su parte más privada, al margen de red social de moda de la época.
Tercera década del SXXI, en mi postadolescencia, quedamos para cenar y bailar Lara y yo, nunca perdimos el contacto, es prácticamente imposible si se vive en la red. En vivo y en directo sigue siendo maravillosa, pero noto que se ha retocado su avatar virtual, tramposilla. Mientras bailamos suena radio futura, “Dicen que tienes veneno en la piel…” que postmoderno y que oportuno. Todo queda grabado en mi Yo Digital.
Mediado el S XXI, La red social del momento me ha concertado una cita presencial con Lara, será el jueves por la noche, dos horas, me viene muy bien. Tengo todo el histograma emocional de nuestra relación, ha llovido mucho desde la primera vez que nos vimos pero veo que aunque ahora Lara es rica, famosa y un poco cursi, no siempre la vi así y por qué.
Básicamente ahora, 2012, sólo recordamos el pasado por el presente actual, es una maravillosa y perfeccionada herramienta con miles de años de evolución. Siguiendo el guion de las comedias americanas, chico conoce chica, chico se enfada con chica, chico se reconcilia con chica. En cada caso las emociones asociadas a la chica y lo que le rodea, perfumenes, música, … están asociados al momento irracional actual. Pero cómo será el futuro cuando podamos acceder intuitiva y digitalmente a la historia anterior. En fin, supongo que algún psicoanalista digital se forrará analizando mediante dataminig nuestros Yo Digitales futuros.

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Inteligencia Emocional y mi Yo Digital

Se acaba el fin de semana y empiezo a pensar “negativamente” en la semana que comenzará. A ver, entre las reformas laborales, reorgas en el trabajo y crisis generalizada no estamos para tirar cohetes. Además preveo una semana de trabajo intenso donde solo interactuaré con el resto del mundo a través de la pantalla de un ordenador. Así que me he dicho, bueno ya que estoy viendo como introducir emociones a mi yo digital, y viendo  que mi inteligencia racional no me ayuda con el entono hostil, cómo podría aprovecharme con mi  inteligencia emocional en este mundo digital.

Según la definición de la wiki, La inteligencia emocional es la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos. Mal vamos, si de algo nos quejamos en este blog es de las múltiples carencias que existen en el mundo digital para expresar, y por tanto descubrir las emociones. Así pues, si además estamos de acuerdo con  la inseparabilidad entre emoción y razonamiento empezamos con un hándicap de partida. Pero seamos analíticos, desglosemos cuatro ejes de la inteligencia emocional.

  1. Capacidad para percibir las emociones de forma precisa. Bueno, aquí me encuentro muy confortable en la vida real, y mediante la información no verbal, tono de voz, gestos, forma de vestir, … soy capaz de intuir el estado anímico de mi interlocutor. Pero en el mundo digital apenas existe apenas componente no verbal. Como mucho intuyo el cabreo de jefes y clientes antes  fallos y retrasos, y mucho miedo a dejar por escrito algo comprometedor, no sea que cambie la situación y queden retratados en una opinión errónea.
    ¿Y en mi red social? Cualquiera se fía del estado de ánimo que la gente pone en su facebook. He de reconocer que una amiga mía estuvo poniendo mensajes, “en clave” sobre su enfermedad y ni me di cuenta.
  2. Capacidad para encauzar las emociones de suerte que faciliten el pensamiento y el razonamiento. Nada aquí tampoco veo que pueda rascar mucho del el mundo digital, si veo que mis colegas están contentos y por ende más proclives a realizar una labor u otra lo tengo que saber por mecanismos no digitales.
  3. Capacidad para comprender las emociones Aquí la Inteligencia emocional trata de la capacidad para comprender las emociones y sus transiciones, una persona hábil con esta competencia sería capaz de predecir cuándo una irritación desatendida puede desembocar en furia.
    Bueno, en este caso tanto en mi entorno laboral como en mi red social, más me vale que me apoye en informaciones fuera del contexto digital.
  4. Capacidad para controlar las emociones propias y de los demás. Bueno aquí al menos si me apoyo un poco en el ordenador, y he de reconocer que al principio del día o después de comer siempre elijo alguna tarea que me introduzca y me ordene mentalmente en lo que debo hacer. Ordenar los presupuestos en una hoja de calculo, si tengo que tomar alguna decisión económica, apuntar mis ideas en un mapa mental, si tengo que estructurar alguna presentación, …
    Probablemente con una buena presentación, o un buen esquema, también sea capaz de controlar en algo el raciocinio de mis colegas. Aunque no se hasta que punto les habré trasmitido mis emociones.

En definitiva:
Aunque el concepto de inteligencia emocional lanzado al estrellado por Daniel Goleman en 1995 parece que pierde relevancia en los medios, pienso que es una muy buena referencia para nuestra vida digital. Si por algo han tenido éxito las redes sociales ha sido por añadir una capacidad emocional que facilitan las relaciones. Por aprovecharse del EQ (Coeficiente Emocional), de las personas y abrir la red a todos con independencia del IQ (Coeficiente de inteligencia) de las mismas. Así pues intentaré de maximizar estos conceptos y engrandecer la inteligencia emocional de mi Yo Digital.

 

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El Cid, Google, y la jura de Santa Gadea.


En Santa Gadea de Burgos
do juran los hijosdalgo,
allí toma juramento
el Cid al rey castellano,
sobre un cerrojo de hierro
y una ballesta de palo.
Las juras eran tan recias
que al buen rey ponen espanto

Ah qué tiempos aquellos que bastaba con un juramento para confiar en un rey. Porque vamos a ver. Las sufridas Telcos, están reguladas, se circunscriben al país donde operan, y solo tienen vocación de monopolio allá donde tienen licencia. Por contra, los grandes gigantes de internet, Google, Facebook, … no se sabe muy bien donde están, que legislación deben cumplir, y desde luego tienen una vocación de monopolio a nivel global, porque estar están en todos los países del globo. (Bueno, en China y otros regímenes se arrugan un poco o nos los dejan estar). Mientras las Telcos más que bien están controladas, o al menos se sabe como pedirles responsabilidades, con las otras ¿qué se puede hacer? “Fiarnos de su buenas intenciones”, “hacerlas jurar por su honor”

Google va a cambiar su política de privacidad y además hará que en su algoritmo de búsqueda aparezcan primero los contenidos generados por mis colegas, conocidos, … y relacionados de alguna manera con mi red social. ¿Estoy conforme con ello? Pues no lo sé. Pero me hará ser más cauteloso con lo que publicó por ahí y lo que comento por allá. Todo esto me conducirá a gestionar distintas identidades y/o personalidades, en distintas redes sociales. ¿Se puede ser crítico con la empresa que paga tu nómina, manteniendo tu identidad? Si, pero a lo mejor no me apetece. O desde luego puede que exprese más libre y espontáneamente opiniones desde otra personalidad. ¿Serían las chirigotas de Cádiz tan espontaneas vestidos de calle? ¿Sería el Carnaval tan satírico sin caretas? Además una de las grandísimas ventajas de internet es poder ser a la vez árabe y judío, hombre, mujer , y/o …, no estamos circunscritos a nuestra apariencia física. Pero respetará Google estás decisiones propias, o nos delatará irremediablemente. Ya hablamos de que GOOGLEAR PUEDE SER PERJUDICIAL PARA LA INTIMIDAD.

Ah, como me gustaría hacer jurar a estos grandes de internet que por su honor cumplirán por preservar nuestra intimidad salvo requerimiento judicial, como las telcos, y que no utilizarán esta información más allá de  para mejorar un servicio, que por otra parte no pago implícitamente. Cómo me gustaría hacer jurar a los grandes como en los versos de la jura de Sta Gadea. Por cierto el rey tras jurar destierra al Cid por un año y un día, a lo que este le responde:

Tú me destierras por uno
yo me destierro por cuatro.
Bueno, en esto creo que hemos ganado, porque cuando uno deja una red social no vuelve más, y pasado cuatro años nada es igual, o no? Os acordáis de myspace.

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